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martes, 21 de febrero de 2012

Curiosidades en las traducciones del Quijote

La traducción de la obra cumbre de nuestra literatura, Don Quijote de la Mancha, ha estado llena de curiosidades. Así por ejemplo, Filleau de Saint-Martin, altera el final de la novela de modo que Don Quijote no muere, sino que sana. Esto deja abierta la posibilidad de una continuación, como la que efectivamente realizó el mismo Saint-Martin y que retomará posteriormente Robert Challe.

La traducción del Quijote a muchas lenguas se ha realizado en numerosas ocasiones, no a partir del original en castellano, sino a través de lenguas mediadoras (principalmente el francés). En muchas épocas ha predominado la convicción de que había que adaptar los textos traducidos a la cultura meta. Así, Friedrich Justin Bertuch convierte al hidalgo en un junker (noble terrateniente). Otro caso curioso es el de las traducciones italianas, que en muchos casos califican a don Quijote de cittadino (‘ciudadano’) desde que lo hiciera Lorenzo Franciosini en la primera traducción a esta lengua (1622).
 
Podemos comentar algunas curiosidades más, como que la traducción al esperanto se debió a la labor de españoles, primero parcialmente por obra de Vicente Inglada Ors, Frederic Pujulà i Vallès, Julio Mangada y Luis Hernándes Lahuerta, y luego de manera íntegra por Fernando de Diego.
 
Algo parecido podemos decir de la traducción al latín. La versión en latín clásico es obra de Antonio Peral Torres (1998). Antes de esto había aparecido la encantadora versión en latín macarrónico de Ignacio Calvo y Sánchez, quien en el subtítulo se califica a sí mismo de “cura de misa y olla”. Su traducción al latín macarrónico comenzó siendo en realidad un castigo. Estaba ordenado que todos los seminaristas tuvieran un crucifijo sobre su cama. Debido a que Calvo andaba escaso de dinero decidió construir un Cristo con pedazos de hojalata, bajo el que escribió:

    “El que tenga devoción
    verá en esto un crucifijo
    pero el rector, ¡quiá!, de fijo,
    cree que es el mal ladrón”.
 
El castigo fue escribir el Quijote en latín. Su primera versión fue publicada en 1905 y contenía sólo los 19 primeros capítulos. Comenzaba con la famosa frase de «In uno lugare manchego, pro cujus nomine non volo calentare cascos…».

martes, 31 de enero de 2012

Curiosidades a lo largo de la historia de la traducción

La historia de la traducción está plagada de curiosidades que hacen, si cabe, más interesante este arte. Algunas no pasan de ser anecdóticas, pero otras han dado lugar a resultados que han influido no poco en nuestros conocimientos científicos, sociales, religiosos, etc.
 
En la Biblia misma encontramos diversos casos muy curiosos. Hace poco hablábamos de la representación de Moisés con cuernos, a causa de una traducción errónea de San Jerónimo. También resulta llamativo el caso de la famosa frase “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”. En esta ocasión, San Jerónimo confundió la palabra griego kamēl ‘soga’ con kámel ‘camello’. El original era mucho más sutil: “es más fácil que una soga pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

En el campo del arte y la literatura, sin ir más lejos, encontramos también numerosas curiosidades. El movimiento artístico del Surrealismo parece indicarnos con su nombre que hace referencia a lo que está ‘debajo’ de la realidad, aunque en realidad procede del francés Surréalisme; en francés, sur significa ‘encima de, sobre’, por lo que sería más correcto llamar a este movimiento Superrealismo.